La nueva oposición

La nueva oposición

La verdadera oposición de este país no nace de los colores ni de las dirigencias; nace de la dignidad de millones de mexicanas y mexicanos cansados de conformarse.

Por Alí Lemus y Monserrat Martínez
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Hace unos días, la presidenta de México nos despojó de cualquier identidad. Si alguna vez fuimos ciudadanas, estudiantes o jóvenes, ya no más: ahora, entre risas, somos llamadas oposición.

¿Cuál fue nuestro pecado?

Alzar la voz por nuestro estado: Michoacán.

La acción que realizamos pudo, per se, no parecer tan grande. No fue un movimiento de masas ni hubo una protesta violenta. Fue un acto que, a nuestros ojos, pasó en cuestión de segundos.

Sin embargo, todo el sentir y el peso de nuestra protesta llevan años acumulándose: años en los que miles de michoacanos han tenido que huir de esta tierra en busca de mejores oportunidades; años en los que michoacanos han muerto a causa de enfermedades que no fueron atendidas debido a la incompetencia del sector salud; años en los que niños y niñas han desertado de la escuela porque el crimen organizado los ha cooptado, robándoles su infancia; años en los cuales salir de casa significa enfrentarse al miedo y a la posibilidad de no volver nunca.

Años en que miles de michoacanos han sido violentados y asesinados.

Es por eso que decidimos protestar y alzar la voz en un acto cuya grandeza radicó en revelar la realidad que vive Michoacán y no la parafernalia que el gobierno estatal y federal han querido demostrar.

La presidenta se burló en el momento. Sin embargo, no tenemos duda de que, al ver la reacción de la población y de los medios ante su insensibilidad hacia nuestra tierra y su gente, dejó de reír.

Porque sabe muy bien que, por más que digan que el país está perfectamente bien, su partido no ha hecho más que destruir la democracia y al país a costa de la ciudadanía; que internamente su movimiento se está cayendo a pedazos y que la ciudadanía ya no se calla.

Estas palabras son para todos aquellos que están dispuestos a pelear por un México digno:

Nosotros, la ciudadanía, tenemos más poder de lo que creemos si nos organizamos. Debemos destruir el yugo bajo el cual el gobierno nos ha oprimido históricamente y alzarnos en contra de la injusticia.

Hermanos y hermanas de Michoacán y de México: luchemos para construir el país que tanto hemos deseado.

Si pedir seguridad, salud, escuela, vivienda, trabajo y una vida digna trae como consecuencia ser nombrados como oposición, entonces hay que declararnos orgullosamente oposición.

Porque hoy, para el poder, “oposición” ya no son solamente los partidos políticos.

Oposición es la madre que exige medicamentos para su hijo; el estudiante que pide oportunidades; la mujer que grita por seguridad; el joven que cuestiona; el ciudadano que se niega a normalizar la violencia, el abandono o el silencio.

La verdadera oposición de este país no nace de los colores ni de las dirigencias; nace de la dignidad de millones de mexicanas y mexicanos cansados de conformarse.

Ojalá muchos grupos políticos tuvieran la valentía de hacer lo que nosotras hicimos. Pero la realidad es que, mientras algunos calculan políticamente, hay ciudadanos que ya decidieron levantar la voz.

Porque en un México donde pareciera que las instituciones se debilitan, donde la resignación intenta imponerse como destino, solamente queda una alternativa: despertar.

Y hoy, esos “opositores” de los que tanto hablan son personas que decidieron perder el miedo. Personas que entendieron que callar ya no es opción y que la dignidad también se defiende alzando la voz.