9 months and 50 hours

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9 months and 50 hours
Roberta Tamayo
Latin Mafia escribe como si no tuviera nada que perder, sus letras no adornan el dolor, no lo suavizan para que se sienta bonito, nos lo dicen crudo, confesando.
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Hay proyectos que se anuncian con meses de anticipación, con teasers calculados, con campañas para crear expectativas construidas al milímetro. Y hay otros que simplemente aparecen, sin pedir permiso, y te obligan a soltar lo que estabas haciendo y constar de lo que está pasando. 

Latin Mafia y Fred Again no solo anunciaron un mixtape, anunciaron un proceso. Un “vamos a quedarnos aquí hasta que esto esté terminado”, transmitido en vivo, sin edición, sin la seguridad que un estudio brinda, ni la comida de un lanzamiento perfecto. Nos permitieron entrar a ver cómo se prueban los arreglos, cómo se descartan las ideas que simplemente no funcionan, cómo una canción nace y a veces muere en cuestión de minutos. Esto es confianza y la confianza cuando se comparte así, sin filtro, se siente.

De eso se trataba todo esto desde el principio, de la confianza. Fred lo dijo con sencillez, él también hace música con su hermano menor, ambos son manejados por sus propios hermanos, y que juntar a estas dos familias, formaban una misma. Milton, Emilio y Mike no llegaron a trabajar con una superestrella, llegaron a encontrarse con alguien que entendía exactamente lo que significa hacer arte con su propia sangre a un lado.

Y ahí está la parte que de verdad toca nuestra alma: dos años trabajando en silencio, sesiones ocultas, una amistad construida lejos del spotlight, mientras afuera especulamos sin saber que estaba naciendo algo.

El 11 de diciembre del año pasado nos dieron la primera señal, esa actuación bajo la instalación de tela, ese momento que hoy entendemos como la pequeña semilla de todo. Y ahora, nueve meses después, el círculo se cierra.

Cincuenta horas de transmisión, cincuenta horas donde la música dejó de ser un producto terminado y se convirtió en algo vivo, algo que se estaba decidiendo en tiempo real frente a nuestros ojos. No había manera de fingir perfección. Y quizás por eso nos pega tan fuerte, porque no nos vendieron un resultado, nos regalaron el camino completo.

Después, el Palacio de los Deportes, cuarenta y ocho horas de aviso previo, entradas sold out, y una noche que dejó de ser un concierto para convertirse en un ritual colectivo: primera vez que ese material terminado sonaba fuerte, completo, en un espacio lleno de gente que seguían los segundos de construcción. No fue un show cualquiera. Fue el cierre de un ciclo que empezamos a vivir sin saberlo hace nueve meses.

Y es que hay que decirlo: Latin Mafia escribe como si no tuviera nada que perder, sus letras no adornan el dolor, no lo suavizan para que se sienta bonito, nos lo dicen crudo, confesando. Ahí está su magia, no necesitan metáforas rebuscadas para tocarnos el alma, les basta con decir la verdad. Y como yo, por eso muchos los amamos.

Y ya escuchado completo, se entiende todo. Se nota exactamente dónde termina uno y empieza el otro, y aún así nunca chocan, al contrario, se necesitan. El pulso de Fred está por todas partes, esa textura que sabe construir atmósfera de la nada, pero encima de eso, viven las letras y armonía que los hermanos De La Rosa saben hacer.

Van desde “Cmon” con una armonía como pocos lo saben hacer, directo a la cumbia que todos esperábamos de “Te estoy correteando” y ese mini house que nadie vio venir en “Piensas en Mi” . Y en vez de sentirse como un mixtape disperso, se siente como dos caras de la misma moneda. Es la mezcla perfecta: el sonido de Fred y el alma de Latin Mafia.

Hay mixtapes que se escuchan y hay mixtapes que se confiesan. Latin Mafia y Fred Again no sólo construyeron una colección de canciones, esto es la prueba de que todavía se puede hacer música sin esconder el proceso, sin fingir que las canciones nacen perfectas, sin ocultar el trabajo detrás del brillo final.

Nueve meses de silencio. Cincuenta horas de verdad. Y una noche en el Palacio de los deportes que nos deja con ganas de miles de noches más, donde, por fin, todo tuvo sentido.

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