Las 4 Horas de Imola vividas desde el paddock

Share
Las 4 Horas de Imola vividas desde el paddock
Maria Picazo
El automovilismo en general ha logrado algo que pasa poco. Las nacionalidades desaparecen y, de repente, todas las personas ahí están unidas con el propósito de disfrutar de una buena carrera.
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/176.184

El automovilismo no es un solo deporte. Es una amplia gama, desde MotoGP hasta carreras de rally en medio del desierto o una competencia de drifting en el hielo, pasando por todo lo que hay en medio.

Personalmente, soy más fan de la F1 que de cualquier otra categoría. Sin embargo, el pasado verano tuve la oportunidad de aprender sobre todo lo que conlleva el automovilismo, desde liderar a un equipo hasta manejar. Esto fue gracias a LemonGrid, un programa para adolescentes de diez días ubicado en Eslovenia, que, sin duda alguna, fueron los mejores diez días de mi vida. Pero esa es otra historia.

Parte del programa de LemonGrid fue ir a la carrera de las 4 Horas de Imola, del campeonato European Le Mans Series, inspirado en la mítica carrera de las 24 Horas de Le Mans. Aquí tengo que admitir que tenía muy poca idea de a qué iba, pues nunca me habían interesado las carreras de resistencia. Sin embargo, puedo decir que esa serie se ganó a una nueva fanática.

Los boletos que teníamos incluían la caminata por la parrilla y la entrada a los pits de cada equipo antes de la carrera, y ahí fue donde aprendí lo que era esta categoría. Es difícil de explicar, ya que tres categorías corren al mismo tiempo, pero lo que sí puedo decir definitivamente es que no tiene nada que ver con la Fórmula 1.

Imola fue una experiencia como ninguna otra. Sí, el calor de Europa a principios de julio es bastante desagradable, pero la manera en que me quemé lo valió por completo. Desde el momento en que pones un pie en el pit lane, donde están las entradas de los garages de todos los equipos, y ves a los pilotos firmando cosas, se siente un ambiente como ningún otro, lleno de energía y anticipación. Y al pasar a la parrilla, ya con todos los coches formados aproximadamente una hora antes de empezar la carrera, ese ambiente eléctrico se multiplica por diez.

Ver todos los diferentes tipos de coches, los diferentes patrocinadores y la emoción que vivían todas las personas que estaban ahí, hizo que me diera cuenta de una cosa: el automovilismo en general ha logrado algo que pasa poco. Las nacionalidades desaparecen y, de repente, todas las personas ahí están unidas con el propósito de disfrutar de una buena carrera.

Y fue una carrera bastante buena, bajo mi punto de vista. No me quedé en la grada todo el tiempo: fuimos explorando y moviéndonos para estar lo más cerca posible de la pista y de los coches y, aun así, lo disfruté. El ruido de los motores, ver el monumento a Ayrton Senna, los diferentes choques y accidentes que iban pasando, y presenciar cómo todo mundo ahí estaba para pasar un buen rato sigue siendo uno de los mejores días de mi vida, a pesar de que no sabía muy bien qué estaba pasando.

Imola fue una experiencia inigualable. También fue una gran prueba, pues estaba lejísimos de mi zona de confort, pero, aun así, lo haría mil veces. Y puedo decir que el campeonato WEC se ganó una nueva fan, bajo el tremendo sol italiano de principios de julio.