Mobbing Universitario y sus consecuencias
Decidí escribir esta columna para ayudar a alguien más y que no tengan que pasar por esta experiencia tan desagradable.
Al inicio de este año, tuve una mala experiencia de mobbing universitario. Durante todo el tiempo que lo viví, nunca supe el nombre de esta experiencia ni que lo que me estaba pasando era un tipo de acoso reconocido a nivel global, o ni siquiera que fuera un problema que más personas vivieran.
Después de mucho pensarlo y analizarlo, decidí escribir esta columna para ayudar a alguien más y que no tengan que pasar por esta experiencia tan desagradable.
Primero que nada, ¿qué es el mobbing? Heinz Leymann, la primera persona en usar el término en 1996, lo define así: «Aquella situación en la que una persona ejerce una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente y durante un tiempo prolongado sobre otra persona o personas en el lugar de trabajo, con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima o víctimas, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente esa persona o personas acaben abandonando el lugar de trabajo».
Y tiene cuatro aspectos para analizar: el incidente crítico, la persecución sistemática, la intervención de los superiores y el abandono del trabajo.
Para empezar mi historia, voy a dar un poco de contexto: estoy estudiando una carrera de diseño en Ciudad de México. La historia se desarrolla en mi segundo semestre, en el que tuvimos nuestro primer trabajo en equipo. El trabajo era crear un corto animado desde cero, y mi equipo fue formado por mí y dos otros compañeros que restaban después de que todos los demás equipos se formaban. A mis compañeros les vamos a poner Carlos y Liliana. Sobre quién me quiero concentrar es en Liliana.
Al inicio del trabajo, Carlos, Liliana y yo estábamos trabajando bastante bien: cada quien hizo un personaje distinto para ver nuestros estilos y, como tarea, teníamos que ya tener una idea del corto. A la clase siguiente, yo fui con mi equipo para organizarnos y ver qué historia íbamos a presentar, y desde ese momento empezaron a sonar las alarmas: Liliana, sin más, nos dio una historia que ella quería y dijo «esta va a ser la historia». Yo en el momento pensé que era padre; qué bueno que ella ya tenía la historia bien desarrollada y que ya iba avanzada en eso, mejor para el equipo, ¿no?
Pues no. Resulta que ella no tenía casi nada hecho; apenas había conformado la idea, pero la forma en la que lo dijo daba a entender que no quería escuchar nada de nadie más. Al final, yo tuve que acabar desarrollando casi toda la historia: desde los escenarios, los guiones completos, los nombres de los personajes, entre muchas otras cosas.
Parte del proyecto era hacer uno de los personajes de la historia desde cero y teníamos varios lineamientos: enseñar el proceso completo a los profesores, que fueran personajes únicos que demostraran la creatividad de los alumnos y señalar todas las inspiraciones que usáramos en la creación del personaje.
En este paso del trabajo es donde yo pienso que está el llamado «incidente crítico». En una de las clases que teníamos de última hora, mi equipo presentó nuestros personajes, y mientras mi compañera presentaba el suyo, unos amigos me enseñaron unas fotos en las que veía que el personaje de Liliana no era original y había sido comprado o usado sin licencia. Yo no lo dejé pasar: ese mismo fin de semana, mandé un correo a mis profesores con esta evidencia y dejando constancia de lo que estaba haciendo Liliana.
Desde ese momento, el proyecto empezó a desmoronarse y empezó la «persecución sistemática». Para nuestras evaluaciones, los profesores nos dijeron que necesitábamos una presentación individual con nuestro trabajo, pero como una semana antes de la primera evaluación (y unos días después de que mandé el correo) nos dijeron que mejor hiciéramos una presentación por cada equipo. Desde el momento en que nos cambiaron la presentación, yo les pedí a mis compañeros que mandaran sus materiales para que pudiera incluirlos en la presentación. Liliana no me pasó sus cosas hasta una hora antes de que pasáramos a presentar y, por obvias razones, nuestra presentación conjunta fue un desastre total.
Al final tuvimos que hablar con los profesores y llegar a acuerdos que nos ayudaran a mantener la paz, la «intervención de los superiores». Parte de lo acordado era que íbamos a hacer los trabajos en conjunto, que haríamos un diagrama de trabajos y que tendríamos mejor comunicación. En la segunda parte del proyecto, no hubo mayor conflicto y pensé que el problema había terminado.
Hasta que llegó el momento de hacer el corto completo. Empezamos la animación y desde ahí hubo problemas: que ella ya estaba adelantada, que necesitaba las cosas en el momento que las pedía, que no nos estábamos tomando en serio el trabajo. Esto llegó al punto en que yo ya apagaba el teléfono porque me marcaba constantemente; incluso llegué a hablar por teléfono con ella y tener más llamadas de ella en una semana que de mi propia familia. Después de muchos días donde yo me quedaba hasta tarde trabajando, de varias peleas con ella y muchísimo estrés, por fin acabamos el corto.
Y el último día, el día de la entrega, me amenazó. A la una de la mañana, recibí un mensaje (que no vi hasta las 5) donde decía que ella iba a presentar el corto sola y que no podíamos usar nada de lo que ella hizo porque «tenía derechos de autor», dando a entender que si lo usábamos iba a haber una represalia legal. De inmediato mandé un mensaje a todos mis profesores y al coordinador de mi carrera, con evidencias de sus tratos y amenazas.
Al final, sí presentamos juntos y tuve apoyo de mis amigos que estaban en otros equipos. Liliana intentó irse temprano solo para ser regresada por los profesores, y confirmé con todas las autoridades correspondientes que mi compañera no podía hacer nada desde el punto de vista legal. Dato curioso, por si no lo saben (como yo en el momento): los proyectos universitarios que hacemos le pertenecen a la universidad, no a quien los hace. Por lo tanto, no puedes poner derechos de autor en ellos ni demandar a nadie por su uso; y gracias al apoyo de mis papás y gente externa, pude evitar el «abandono de trabajo».
Si alguien ha pasado por alguna situación similar, que sepas que no estás sola. Hay muchas personas que han sufrido mobbing escolar, y muchas más que te pueden ayudar a lidiar con la situación. Mis recomendaciones para evitarlo son: no ignorar lo que consideraríamos «problemas menores» o supuestas «coincidencias» que te parezcan actitudes hostiles; tenlas en mente y, si es necesario, habla con tus profesores al respecto. También deja por escrito tus comunicaciones tanto con las autoridades pertinentes como con la persona con la que estás teniendo el problema.
Y por último, siempre recuerda que tu trabajo vale la pena. Mientras hagas las cosas esforzándote lo más que puedas y con ganas de sacar el trabajo adelante, siempre vas a acabar con un buen resultado. Y no intentes hacerle la misma jugada a quien te lastimó; simplemente déjalos que aprendan solos. Yo sinceramente quisiera que mi compañera mejorara y sea la mejor versión de ella misma.
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