Dime 5 jugadores de este equipo
En el periodismo deportivo no estamos para adornar el juego, estamos para contarlo.
Crecí escuchando que el deporte era cosa de hombres. Que si no sabías alineaciones completas, estadísticas imposibles o la historia exacta de cada equipo, mejor no opinaras. Y menos si eras mujer; o que la única forma de la que pudiera opinar sobre el tema era que dijera 5 jugadores del equipo.
Pero nadie te dice que el amor por el deporte también se siente. Que no todo es memorizar datos, sino vivir partidos, emocionarte con un gol al minuto 90, con una canasta, un touchdown; llorar una derrota y volver a creer al siguiente fin de semana. No crecí entendiendo cada deporte, pero sí entendí que el periodismo deportivo también se construye desde la pasión.
Entrar a esta industria da miedo. Da pena prender la cámara, da inseguridad escribir la primera nota. Siempre parece que alguien sabe más que tú. Siempre parece que no estás “a la altura”
Pero la verdad es que nadie empieza sabiéndolo todo. Se aprende en el proceso, en el error, en el comentario que te corrige y en el que te quiere tumbar.
Durante mucho tiempo, a las mujeres en el deporte “se nos ha permitido” estar, pero no opinar, ser imagen, pero no voz. Gustar, pero no incomodar. Y ya estuvo bueno. Analizamos, cuestionamos, opinamos; eso también es periodismo.
Subir contenido, escribir de deportes, pararte en una cancha o frente a un micrófono siendo mujer, no es un acto de valentía, es un acto de necesidad. La industria necesita más miradas, más historias, más voces que no se parezcan entre sí. Necesita morras que hablen de deportes desde su experiencia, sin pedir perdón y sin intentar encajar en un molde que aún muchos creen que nunca es para nosotras.
Confiar en el proceso no es fácil. Habrá días que sientas que nadie te ve, nadie te lee, dudes de todo. Pero si algo he aprendido es que la constancia también es una forma de fe. Fe en ti, en lo que te gusta y en lo que tienes para decir.
Que no te dé pena empezar. El deporte también es nuestro y la industria necesita más morras tomando la palabra. Morritas que no piden permiso, que confían en su proceso y que entienden algo muy claro: no estamos aquí para adornar el juego, estamos aquí para contarlo.
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